Sydney Día 2 – El termitero, el autobús y Steve Irwin (Made in Spain)
Al despertarme la cosa no pintaba bien. A las 7:30 empieza el día con un pastillazo de Gelocatil (que 9 horas después sigue el sabor en mi boca). Gracias a Dios la ducha salvó la mañana, y, por lo visto, el día.
Después de desayunar decidí partir al Koala Park Wildlife Reserve (o algo así). Se encuentra a una hora en tren al norte de la ciudad (ie. Guadalix de la Sierra respecto a Madrid). Después del tren me tocó coger un autobús. Subí y me llamó mucho la atención el pedazo garrote que tienen en Sydney los autobuses por palanca de cambio (véase figura 1), también se pueden observar los pedales, que tienen tamaño de remos. Llegamos y me dice el conductor: ahí está la reserva, sólo tienes que cruzar. Sólo tienes que cruzar. Una carretera de dos carriles por sentido sin pasos de cebra hasta donde alcanza ojo humano.

Después de sudar un rato al Lorenzo de la mañana encontré un instante en el que podía cruzar. Lo hice y llegué al lugar: estaba vacío; se habrían comido los animales a los visitantes? Lo habría cerrado sanidad?
Me acerco y una mujer sonriente se aproxima: 19 dólares. Buenos días.
Paso los torniquetes al más puro estilo Zoo de Madrid y me encuentro en una auténtica selva. Eucaliptos, coníferas y demás vegetación. El primer animalillo que encuentro es un wombat; “Warning, I bite”. Así me recibía, me parece que a este no se le puede sobar.
En el lugar se anuncia de vez en cuando en la base de un árbol “Koala nearby”. Indicando que un koala puede estar sobando en alguno de los árboles de alrededor. Al principio prestaba atención; al no encontrar ninguno en los árboles aquellos de 10 metros después de 5 minutos decidí ignorar estas señales.
Entré al “Kangaroo Walk-In” que, como dice la propia palabra, es un paseo através de los canguros (no los “kanguros”). Pasas a un gran recinto donde los canguros están metidos: y tu con ellos (véase figura 2). Aquí puedes aprovechar para darles de comer. A diferencia de los patos del zoo; si se te acaban los frutos secos pasan de ti y se vuelven a tumbar o, como en mi caso, empiezan a rascarse la panza amenazadoramente. Me paseé entre todos estos marsupiales y los sobé prácticamente todos. Muy suaves y bastante amigables: si no te acercas lo suficiente se acercan ellos; estos sí están bien adiestrados.

Después me acerqué a los koalas; igualmente se les puede sobar (figura 3); pero por tiempo más limitado; que se estresan. Natural en un animal que pasa 20 horas al día durmiendo. El mero hecho de abrir los ojos supone un gasto de energía. También muy suaves y bonitos; pero no acerques la mano a su boca.

Regresé a Sydney y decidí irme a comer. Buscando un Burger/Pizza encontré el “Spanish Club”. Decidí pasarme y ver qué tal estaba la comida. No estaba del todo mal; pero las gambas al ajillo parecían Langosta en salsa; pero bueno.
Después me di un paseo por la bahía y el centro. El centro de Sydney a la hora de salir del trabajo es un auténtico termitero. No recuerdo haber visto Park Avenue o la 5 Avenida en Nueva York tan llenas a la misma hora como George St en Sydney. Una cantidad de gente impresionante; la mayoría orientales; pero de todo.
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