Akaroa: Delfines y David Hasselhoff (o como se escriba)
Bueno, en vista de que los planes para hacer kite-boarding y lo de los caballos y lo del helicóptero no funcionaron porque por aquí se toman bastantes vacaciones… yo tenía muy poca esperanza del día de hoy. Por consejo de mis “hosts”, me pasé por Akaroa, un pueblecillo pesquero a unas 2 horas de Christchurch que se encuentra en la península de Banks cuyo mayor principal es ver/nadar con delfines. De modo que a eso fui. Llegué al pueblo después de subir (y por supuesto bajar) un puerto de montaña y me dediqué a buscar lugares que me puediesen llevar a nada con pececillos de estos. Encontré uno. Me apunté a la salida de las 11:30am (eran las 11 menos 10 o así) y era el último puesto vacante.
Me dieron el mono, aletas, gafas y tubo (esto es un deja-vu). Subimos al barco. Eramos 10 personas. No pueden ser más porque el DOC (Department of Conservation) no permite más. Los delfines que veremos y junto a los que nos bañaremos son delfines Hector; los más pequeños de la especie y los más raros. Están en peligro de extinción. Cuando dijeron esto me entró un tembleque por todo el cuerpo. No se pueden tocar, salvo que ellos se acerquen mucho y nos rocen. Imagino (aunque no lo dijeron) que si se nos ocurre tender la mano porque vamos a chocar un animal y yo, el capitán del barco sacará un arpón ballenero y nos lo clavará en la espina dorsal; sobre todo para sentar precedente. En este punto estaba a punto de marcharme; no estaba dispuesto a perder la vida porque un delfín quisiera acercarse más de lo debido.
Recomiendan que hagamos mucho ruido y chapotear para que se acerquen los delfines (y así de paso, a la que los tocamos, poder tenernos bien a tiro).
Llegamos a un punto donde había delfines y nos tiramos al agua. Todo el mundo empezó a cantar y a chapotear: a mí me daba algo de vergüenza, de modo que me dediqué a nadar buscándolos por allí.
Los llegabas a tener muy cerca, te pasaban a lo mejor 2 o 3 por tu lado; claro que tu no los podías tocar, evidentemente. En una de las pasadas rocé a uno con la aleta; pero no sucedió nada. A mí. También puedes intentar nadar con ellos; pero es bastante difícil porque son un poco más rápidos que tú en el agua; de modo que te aburres (y cansas) rápido. Pero pude estar un poco de tiempo nadando en círculo junto a ellos; eso es una experiencia bonita. También los puedes oir bajo el agua, lo cual es muy interesante y termina con mi idea de que Jacques Cousteau (o como sea) era un poco atontado porque hacía esos sonidos; es verdad y son realmente así.
En este punto de trance (y frío, porque el agua estaba helada) empiezo a oir un “help! help!”, que por lo general no es nada bueno. Era una señora, y aunque lo veía venir debido a la avanzada edad de la señora (los 70 tirando por lo bajo) siempre te da un poco de impresión. Todos esperamos un poco para ver si finalmente un delfín hacía uso de esa galantería que los caracteriza y rescata a la anciana. Después de un minutillo bajo el agua decido que el delfín se ha “rajado” y voy corriendo para ver qué pasa. Agarro a la señora y me dice que tiene mucho frío, que no puede respirar apenas. No sin dificultad la llevo hasta el barco donde ellos se encargarán de darla calor… o no. Cuando termino de remolcarla hasta la embarcación mi labor como Baywatch termina y vuelvo a lo mío. Los animalillos estos.
En otra de esas pasadas no puedo resistir la tentación, y aunque realmente temo la pena de muerte/cadena perpetua mi mano, como activada por un resorte o por instinto se lanza hacia el lomo del animal. El animal sale nadando como alma que lleva el diablo y yo un poco triste de que no sean tan cariñosos. Mi espalda aún estaba bien, saqué la cabeza del agua para mirar hacia el capitán; miraba a otro lado. Está vez, seguramente, sobreviviría.
P.D: Debido a que el post presenta unas dosis alarmantes de acción/misterio/intriga/suspense a las que no os tengo acostumbrados; me veo en la obligación de diferenciar la realidad de la ficción (o licencias de autor como prefiero denominarlas). Todo es cierto salvo que esperásemos un minuto para que el delfín sacase a la señora del agua; sabíamos que el delfín no lo haría así que lo hice yo directa y rápidamente. Como sé que queréis saber qué pasó después con la señora (si hubo beso de agradecimiento y tal) pues no, sólo me dio las gracias, pero nada más (cierto que yo esperaba a que me invitase a un wiskito (o spirit como lo llaman aquí). El capitán, como dije, no tenía arpones ni tenía la intención de usar uno contra los criminales que tocasen delfines. Espero.
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