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Aprendiendo a volar

Hay momentos en la vida de un hombre en los que uno debe sacar las alas y lanzarse al vacío: es lo que los expertos llaman aprender a volar; yo lo llamo aprender a cocinar. Debido a cuestiones ajenas a mí hoy mi madre no ha podido proporcionarme materia alimenticia; de modo que tuve que enfrentarme a la cruda realidad: tendría que hacer yo la comida.

Llegada la hora decidí ir a la cocina; con 3 o 4 gotas de sudor en la frente miré los fuegos y luego la nevera. No sabía qué encontraría al otro lado; pero sabía que no sería nada bueno. Despacio abrí la puerta y evalué la situación. Embutido… filetes… hortalizas varias y yogures entre otras cosas. Me sequé el sudor. Creo que con un poco de imaginación podría salir de esta. Pero aún era demasiado pronto para saberlo.

Puse mi materia gris a trabajar. Mi hermano llegaría después de trabajar; sabía que si no moría de inanición…. él se encargaría de mandarme al otro barrio si no tenía comida para dos, sin sufrimiento, supongo.

Tras muchos minutos de deliberaciones me decanté por un filete, patatas fritas y ensalada. Decidí añadir un punto de riesgo y me preparé para hacer una pequeña guarnición para el filete/patatas.

Las patatas las puse a freir; ya que sabía que tardarían un rato. Mientras tanto piqué un poco de ajo, cebolla y, para darle consistencia al asunto…. piqué chorizo y un poco de jamón. Puse aceite en una sartén y cuando estuvo caliente eché el ajo y la cebolla. Cuando ambos elementos se doraron un poco eché los demás ingredientes. Descubrí que teníamos algo de paprika picante húngara (international cuisine que llaman) y opté por añadir una cucharadita para darle un toque salvaje a aquel brevaje.

La ensalada no requiere mayores detalles.

Hice el filete y añadí mi guarnición. Definitivamente me pasé en aceite, quizá un poco también en paprika pero después de ver aquel caldo no reparé en el exceso de paprika . Vacié un poco de líquido de aquella sopa y serví. A Karlos se le habría caido la lagrimita.

Qué puedo decir, muy bueno. Y por supuesto lo mejor de todo: ni la inanición ni el trabajador estresado me mandaron al otro barrio.

Isma