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Tarifa plana verbal

Siempre tiene que haber de todo; en ocasiones toca hablar de Paris Hilton y en otras de una isla de Nueva Zelanda. Hoy toca una de filosofía. Lo sé, la vida no es justa; pero nadie dijo que tuviera que serlo.

Hace no demasiado discutía con cierta persona el hecho de que hubiera una tribu de nativos americanos que se les tenía permitido pronunciar únicamente un cierto número de palabras diarias. Y pienso que, como experimento, esto puede ser una experiencia muy interesante. A voz de pronto (y sin haberlo probado personalmente) debo decir que seguramente diremos menos impertinencias, habrá muchas menos malas interpretaciones y, lo más importante, pensaremos bastante más las cosas antes de soltarlas al aire. A pesar de todo este experimento presenta un problema a tener en cuenta: ¿cómo podremos contar el número de palabras? Me inclino a usar un contador como el de las azafatas. Creo sinceramente que estamos demasiado acostumbrados a esta tarifa plana verbal y que, aunque sea momentaneamente, deberíamos pasarnos al “pay-per-view”.

Isma