Comedura filosófica de tarro (por: El Tío simple)
Hay muchas cosas que te molestan en esta vida. A mi hermano le revienta que la sábana se le salga por la noche mientras duerme, a mi padre le molesta el anuncio de Noriega enseñando el culo. A mí, en particular y entre otras muchas cosas, me molesta que me consideren un simple o un superficial. Cualquiera de las dos cosas con indiferencia respecto al orden. Como informático se me ha enseñado a analizar y estudiar las cosas; a ser capaz de simplificar tareas complejas para darles resolución. El hecho de simplificar un problema no significa que seas un simple. A todos nos gusta simplificar las cosas; pero para llegar a la simplicidad debes pasar por la complejidad de resolver el problema a simplificar. No sé si lo habéis entendido.
Esta, aunque no lo creais, no era la reflexión. Símplemente (valga la redundancia) era un comentario respecto a la apariencia de superficialidad de una persona. Además, la auténtica razón de mi apariencia de simplicidad es que los fines de semana prefiero pasarlos relajado sin darle demasiado al coco. Si es posible, claro. La reflexión a la que me refiero viene de algo que leí ayer respecto a la paradoja lógica del pseudomenos. Dicha paradoja formula lo siguiente:
Si yo digo “Estoy mintiendo” y realmente miento, entonces estoy diciendo la verdad, y si digo la verdad, no puedo estar mintiendo, pero, pese a ello, si es la verdad, ha de ser cierto que estoy mintiendo.
Ahí lo tenéis. Es básicamente un bucle infinito (Guille, eso va por ti :P) que ha llevado a filósofos al suicidio. Sí, yo también lo considero un tanto extremo ya que a mi modo de ver no me va a cambiar la vida; pero es una idea muy interesante en la que nunca me había parado a pensar.
Estaría bien que me dejaseis un comentario gañanes. Pero entenderé que no lo hagáis porque, al igual que yo, sois unos simples y unos superficiales.
