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Mazapanes y paseos a la farmacia

Érase una vez un muchacho, podemos llamarle Ismael, tumbado en un sofá de cualquier o ningún lugar en particular el día de Nochevieja. Se encontraba en un extraño éxtasis entre mazapán y mazapán probablemente producido por alguna indigestión de langostinos. Los párpados, pesados, luchaban por unirse en contra de su voluntad. Finalmente, Ismael , sucumbió al deseo de los párpados y quedó envuelto en un profundo sueño.

Soñó que se encontraba el sólo en la oficina; que su jefe no estaba y que los clientes no dejaban de llamarle; también soñó que estaba 24 horas seguidas de guardia y que no recibía ayuda de nadie. En cierto momento, Ismael salió de su oficina y se dirigió a una farmacia.

– Un frasco de vaselina por favor.

El farmacéutico se dirigió a la trastienda de donde, después de rebuscar más de lo esperado, salió con un buen bote.

– ¿Lo tiene más grande? – preguntó Ismael -.

– Sin duda – dijo el farmacéutico con una falsa sonrisa -.

Ismael dejó el dinero encima del mostrador y se apresuró de vuelta a su oficina donde continuó trabajando hasta el fin de los días.

Un día se acercó su jefe e Ismael le ofreció el bote que había comprado días atrás en la farmacia.

Poco a poco todo se desvanecía y, lentamente, despertaba de aquel extraño trance que le había llevado a tener, cuanto menos, el sueño más extraño que puede haber.

Y este, queridos lectores, fue el sueño que tuvo Ismael aquella noche invernal. Sólo un 50% de este sueño es real y sólo el 50% de este sueño es ficción; ustedes deciden qué es real y qué no lo es.

Sobre el significado del sueño creo que está claro: Yo sólo pongo el cu trasero y la vaselina. Lo demás lo ponen ellos.

Creo que debería comer menos langostinos y menos mazapanes. Aunque tengo la impresión de que seguiré comiendo el mismo jamón.

Isma