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Ballenas y despertadores

Por algún extraño motivo siempre he sido de los que han podido conciliar el sueño desde el primer momento en el que pongo la cabeza en mí almohada (o la roca dependiendo de la superficie donde duerma) y me despierto exactamente 3 minutos antes de que suene el despertador: ni 2 minutos ni 1 minuto. 3. 7:57, 8:57, 9:57…. da igual. Inexplicablemente este comportamiento se altera cuando estoy de vacaciones y los despertadores, de repente se convierten en astutos enemigos que por unos días, consiguen derribarme de un puñetazo. En vacaciones además desayuno notablemente más.

Y este fue el caso de ayer; que debíamos partir a las 8 de la mañana para afrontar las 5 horas de camino que tenemos desde donde nos alojamos hasta Bergen. Esto significaba que nos levantaríamos a las 6 y el día sería largo. Muy largo.

Después del puñetazo del despertador desayunamos y nos pusimos en camino. Carretera y manta como dicen los experimentados. A mitad de camino, entre curva y curva, sentía la leche y las tostadas asomar por el gaznate; pero afortunadamente este problema no duró demasiado.

Tras cinco horas de carretera y las piernas embutidas llegamos a Bergen bajo una pequeña bruma, muchas nubes y llovizna. Como en una película de Hitchcock. Siendo la 1pm lo que más sentido tenía era directamente comer algo; nos dirigimos a la plaza del puerto a buscar algo que llevarnos a la boca.

Tengo una amigo que se jacta de haberse tirado un pedo y haber matado a un animal al instante; comentó que había caido fulminado, igual que cuando un rayo atraviesa un árbol y empieza a salir un humillo. Yo de lo más que me puedo jactar es de haber cazado una mosca al vuelo en un arrebato de precisión e instinto. Aunque la mosca estaba moribunda. Ahora hay otra experiencia interesante en mi vida: haber comido un bocadillo de carne de ballena. A modo de aviso, los comentarios hechos por los integristas de Greenpeace serán inmediatamente filtrados. La carne lo cierto es que no se diferencia demasiado de cualquier otra carne; el italiano me dijo que era atún y para mí aquello era suficiente para creerlo. Una vez lo hubimos probado todos nos dijo que, en realidad, aquello era ballena. Tras unos instantes de incertidumbre, perplejidad y alguna que otra representación dramática decidí saborear aquel extraño manjar que acababa de descubrir. Muy bueno. Diferente. También comimos anguila, salmón y bacalao.

La tarde resultó en general intrascendente, al menos en lo que a temas de los que hablar en el blog se refiere. Visitamos algunos museos, dimos paseos por la ciudad y, tras cinco horas, debíamos despedirnos de la hermosa ciudad hanseática.

La salida del aparcamiento fue similar a una escena de Benny Hill: de aquí para allá, de allá para acá, la policía me persigue, ahora persigo yo a la policía, etc, etc. También nos perdimos. Tardamos cerca de 1 hora en salir del casco urbano, pero tras este pequeño imprevisto partimos rumbo a Fortun: nuestro hogar durante una semana y, sin la menor duda, uno de los lugares más hermosos en los que me he alojado y que nunca haya visto jamás.

Tras algunas paradas para cenar y comprar víveres era media noche y habíamos perdido un ferry: no pasaba nada ya que había una pequeña carretera comarcal que nos llevaría a la ruta que debíamos tomar. No había problemas. O sí. Después de haber conducido 45 minutos desde el puerto donde hubiéramos cogido el ferry encontramos un cartel que indicaba una carretera cortada por obras. Mi primera reacción fue la lógica: pisar el acelerador, cerrar los ojos y pedirle a Dios que las curvas no sean muy cerradas y que el fiordo no sea demasiado profundo; pero no todos los integrantes del grupo se mostraron a favor de mi idea. De modo que optaron por dar media vuelta y tratar de coger el ferry de la 1:30am. Coger un ferry de madrugada es toda una experiencia. A decir verdad el hecho de montar en barco por la noche es más que interesante; especialmente si tu grupo y tú sois básicamente los únicos pasajeros del barco.

Finalmente, después de diversos avatares, llegamos a las 3am a nuestra casa tras 9 horas de carretera.

Mañana más.

Namasté.

Isma