La taquilla 194 y Guantánamo
Recientemente he descubierto que tras las vacaciones me cuesta escribir. Lo he notado en que pasó prácticamente un año desde mi viaje a Australia hasta los siguientes posts; culpé de aquella ausencia al jet-lag y que necesitaba un tiempo para digerir todo lo que había vivido. Tras hablar con gente descubrí que nadie se había creido lo del jet-lag y que básicamente estaba usando excusas para tapar mi vaguería. Eso también.
Y es que ya han pasado casi 2 meses desde mi último post y empiezo a recibir preguntas sobre si sigo vivo, si estoy en coma o si he quedado sumido en un sueño al estilo Disney. Ninguno de ellos, es por ello que no voy a tapar mi vaguería con excusas: no he escrito porque no me ha dado la gana.
Pero hoy será diferente; hoy no sólo voy a escribir sino que voy a abrir mi corazón y compartir con todo el público una preocupación que tengo.
De sobra sabemos que el hombre es un animal de costumbres, al menos eso es lo que dice el proverbio castellano, y yo; como cualquier otro humano, tengo costumbres. Una de las costumbres que más ha quedado arraigada en mí es la taquilla del gimnasio. Sí, hay gente que le gusta la pasta de dientes vacía al final y toda la pasta al principio y nadie les dice nada.
Yo en cambio, como he dicho, estoy afiliado a la taquilla 194 del gimnasio ‘de Guada’ (como se conoce al centro en mi círculo de amigos). La razón por la que la taquilla 194 es MI taquilla no es porque haya pagado por esa taquilla en particular, en absoluto; la taquilla 194 se encuentra en el punto perfecto en los vestuarios; la taquilla 194 se encuentra a la altura de los ojos y te permite dejar la bolsa justo en un punto ni muy alto (ya que si no te dolerían los brazos) ni demasiado bajo (ya que si no te dolería la espalda). Se encuentra junto a un banco donde atarte las zapatillas pero tiene suficiente espacio para cambiarte sin nada que te incordie. La 194 se encuentra equidistante de la puerta de entrada del gimnasio y de las duchas y sauna.
Como habréis comprobado la 194 es la taquilla perfecta y codiciable. Por eso, cuando hace 3 semanas descubrí que debía usar la 190 o la 198 ya que alguien se había apropiado de la 194 un cosquilleo me recorrió la espalda.
– Será cosa de un día.
Me dije a mí mismo ingenuo. Desde el mismo día en el que la 194 me fue profanada comencé una cruazada para descubrir quién había sido y para dejarle claro que esa taquilla sólo tenía un propietario y, desde luego, no era él. 3 semanas después aún no he descubierto quién es el facineroso que se ha hecho con la 194 pero lo averiguaré. Ayer justamente gané una subasta en eBay por un kit completo de videovigilancia que instalaré en el gimnasio para cazar al profanador de taquillas. También haré streaming de los vestuarios para alguna revista de tías y así me cobro los daños y perjuicios.
No podemos permitir que crímenes como este queden impunes. De ahí que invitaré al nuevo presidente de los EEUU de América, Barack H. Obama a que confine al individuo que ha cometido este acto deshonroso en alguna celda de la Bahía de Guantánamo y se le aplique la Ley marcial. Si fuera necesario, apoyaríamos el uso de privación sensorial o inyección letal a modo de castigo ejemplar.
Seguiré informando sobre este tema.
