Crisis de autor y sequía creativa
Varias personas son las que me han recitado esa fatídica (aunque desafortunadamente por mí conocida) frase de “hace tiempo que no escribes en el blog”. Cierto, un día más, lo confieso. Confieso que soy un vago y que no tengo tiempo, que quisiera escribir pero, al igual que de las narices, las palabras no me salen. Y es que no siempre es necesario un motivo para que un autor (o bloguero que es el término recientemente acuñado con el que se nos denomina ahora) deje de lado su pluma o, como es el caso de un servidor, el teclado. Echo de menos a todos y cada uno de vosotros, si me permitís el tuteo, mis queridos lectores. Lectores…. eso si aún los hay ahí fuera y no han decidido crear una nueva “díaspora de la carreta”. Ironías de la vida. A pesar de este pequeño paréntesis aquí estoy; aquí sigo…. y no creo que para quedarme. No me malinterpretéis, no estoy diciendo que me vaya a ir de forma abrupta y definitiva. ¡Aún es pronto! Sólo quiero avisar, informar y dar a conocer que, al igual que el viento, no es que sólo sea libre sino que caprichosamente voy y vengo sin que nadie pueda controlarme. Y estimado lector, quiero volver a disculparme, por segunda vez hoy, por acentuar palabras que, según las Reales Academias de la lengua Española ya no son acentuables como puede ser la palabra “sólo” (en acepción similar a solamente). No me voy a pronunciar al respecto. O quizá sí. No quiero resultar catastrofista o ingenuo pero parece que, al igual que con la tauromaquia, la libertad y la heterosexualidad; el acento ortográfico está sufriendo una persecución similar a la disidencia política en Cuba, las empresas petrolíferas en Venezuela o los que aún no-descerebrados en España. Todo sea para que los niños analfabetos del móvil de hoy en día sean los intelectuales del mañana.
Es lo que hay y lo que nos ha tocado vivir. Por ahora me quedo aquí. Solo.
