Jazz, formas sinuosas y otros recuerdos del pasado
Hace unos meses escribí sobre los pequeños placeres de la vida. Chocolate, té, leer, escribir y demás. Hoy quisiera añadir algunos pequeños placeres a esta ínfima lista.
La primera de ellas quizá podría ser el jazz en conjunción con un té y escribir. Las palabras parecen salir solas cuando acompañas estas actividades con jazz. Un género que normalmente no entra dentro de mi selección musical pero que en las últimas semanas forma parte de indispensable de mi biblioteca musical mientras escribo.
Otro pequeño gran placer (pequeño por lo poco que implica y grande para los que el momento nos toca especialmente) es poder pasar tiempo simplemente riéndote con un buen amigo (o en mi caso ayer con una buena amiga) sin preocuparte por lo que el lunes traería a las 8 de la mañana. Sabiendo que todo pasaría pero que el recuerdo de las canciones erradamente entonadas y los cegadores flashes quedaría irremediablemente ahí. Tan cierto como que el sol sale al terminar la noche. Tristemente este pequeño gran placer te remonta a momentos en los que nada importaba más que disfrutar el momento y, con un poco de suerte, aprobar el examen de soci del viernes; y digo tristemente porque, este pensamiento me recordó que ya no soy quien era y que, inevitablemente el reloj no espera a nadie. Tan cierto como que el sol sale al terminar la noche.
El último placer que me gustaría compartir hoy son las formas. En este caso formas sinuosas como la siguiente que pude encontrar enterrada en uno de los álbumes digitales de mi periplo por el hemisferio meridional. En particular la Sydney Opera House, las formas que la componen y lo que éstas me sugieren. Una obra de arte. Y no me refiero a la fotografía.
Sin más os dejo. Pensando en vuestros pequeños placeres.
Saludos a todas las embarcaciones en el mar y namasté my friends.
IAR.
