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Sufrir para ser feliz

Útimamente circula por mi mente una idea. La felicidad. Siempre te preguntas si eres feliz; sin embargo existe un problema con esta pregunta: la felicidad no se puede medir cuantitativamente. Siendo este el caso es imposible poner un límite que, siendo superado, podamos decir que somos felices y no superado decir que no lo somos o que casi lo somos.

Siempre he sido de la opinión de que la única manera de medir la felicidad es utilizando otro indicador no menos complicado de cuantificar: el sufrimiento. Para que sopesándolos podamos ver “cuál pesa más”. Con el tiempo me he dado cuenta de que esta forma de abordar el tema no es correcta en todo su contenido.

Estas últimas semanas han sido un tanto extrañas en el sentido de que he estado rodeado de personas viviendo una época de gran sufrimiento, otras que acaban de salir de una época de dolor y otras que viven momentos de extrema felicidad.

Quizá has perdido a alguien muy cercano, quizá sabes que pronto perderás a alguien a quien amas, quizá tú mismo sufres una enfermedad que hace que tu vida peligre. A lo mejor has tenido que dejar a tu familia y no sabes si tendrás oportunidad de volver a estar junto a ellos. Puede que incluso, tu problema, es que te sientes solo.

Son momentos que te definen como persona y te definen como individuo en la sociedad. Momentos que forjan tu carácter y tus relaciones. Sin estos momentos, seríamos incapaces de sentir empatía y, por tanto, auténtico amor hacia los demás.

“Aunque no sé por lo que estás pasando, sé lo que es sufrir y mi corazón está contigo. Puedes contar conmigo.”

Y cuando el cielo empieza a vislumbrarse azulado y la tormenta se disipa es cuando, finalmente, podemos quitar esa tela translúcida de lágrimas que cubre nuestros ojos para poder evaluar, desde la otra orilla, el progreso de nuestra vida. Podemos ver el balance de estos momentos amargos con los momentos dulces y vemos que, en realidad, soy feliz. Quizá, si no sufres, no conoces la felicidad. Quizá, digo yo, es necesario sufrir para conocer la felicidad.

Pablo dice en el primer capítulo a los Colosenses que se alegra de saber de ellos en sus momentos de gran sufrimiento físico y espiritual y les manda algunos deseos. Pablo comprende que el sufrimiento por el que está pasando es necesario para alcanzar algo más grande. Es necesario sufrir para comprender, en todo su ámbito, su fe y su confianza.

La Biblia dice que Job fue un hombre bueno. Sufrió la pérdida de su casa, sus hijos, sus posesiones y nunca se quejó a Dios. Sufrió tal presión que le llevó a preguntarse por qué. Por qué le sucedía todo aquello. En el capítulo 38 y 39 Dios le responde desde un torbellino preguntándole si él realmente sabe todo y si él es creador. Finalmente Job responde en el capítulo 40 :

“¿Qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, más no responderé; aún dos veces, más no volveré a hablar.”

Y es por eso que hoy te digo que si estás pasando por un momento de sufrimiento que no desfallezcas, que busques ayuda en la gente en quien más confías y que comprendas que esta situación sólo te va a hacer más fuerte. Te animo a que busques a Dios detrás de esas nubes negras que amenazan tormenta. Te suplico que te sientes, te tumbes o te arrodilles y levantes tu cabeza para llorar y preguntar por qué. Y que entiendas que sólo conocemos una pequeña parte de la película; que alguien más grande tiene esto bajo control y que, lejos de morbosamente mofarse de tus infortunios, le derrite verte llorar. Que comprendas que hay cosas que jamás comprenderás y que hay preguntas que quizá nunca tengan respuesta.

Namasté.

Isma