No recibir aquello que mereces
En ocasiones olvidamos la importancia de nuestros actos. De hecho, como alguien me dijo hace no mucho, quizá estamos dejando de odiar el mal y el pecado ha quedado sellado en nuestras vidas de tal manera que no lo vemos o incluso sentimos.
Y es aquí donde entra en juego la misericordia. Con gran paciencia Dios nos exhorta a cambiar, a mejorar, a amar más. Pero este acto de misericordia no es algo pasivo como quizá pensamos, sino un proceso proactivo en el que Dios toma un papel de agente con iniciativa y no, como muchos creen, un ser Creativo que deja la naturaleza en total libertad.
Y ese es mi Dios, Creador del universo que me busca de manera personal.
