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De espartanos y campamentistas

Los que me conocéis sabéis que 300 es una de mis películas predilectas; quizá principalmente por la cantidad de citas épicas que podemos encontrar en esta película. Una de ellas, quizá mi favorita, tiene lugar cuando Jerjes se acerca a Leónidas pidiéndole que se rinda diciendo “Cómo osas enfrentarte a mí cuando yo de buena gana dejaría morir a mis propios hombres para conseguir la victoria?” A lo que Leónidas le responde:

Yo, en cambio, moriría por cualquiera de los míos.

La respuesta de Leónidas resume no sólo el carácter de su personaje sino el carácter de Dios hacia nosotros y el punto en el que he estado meditando estos últimos días.

Este fin de semana pude pasar tiempo con algunas de las personas a las que más quiero. Personas, como Ben, con las que he tenido el placer de luchar para el reino y servir desde hace poco y personas como Estefany, Manu o Esteban con los que Dios me ha permitido entablar una relación muy especial y poder estrechar lazos.

Estaba pensando el sábado por la mañana en todo lo que estábamos haciendo Erica, Ben y yo como líderes: las enseñanzas, la música, los tiempos 1 a 1, las palabras, consejos o comentarios que tendría con cada uno de ellos. Y fue quizá por primera vez que oré por cada uno de ellos de forma individual. Persona por persona, nombre a nombre pedí a Dios que cada palabra que dijese sirviera para construir y no destruir. Estefany, Esteban, Génesis, Nicole, Rode, Catherine, Manu, David, Sergio, David, Miriam, Ana, Eli y Evelyn. 14 nombres con sus necesidades, sus problemas, sus preocupaciones y sus circunstancias. Igual que yo. Vaya sorpresa. ¿Cómo puedo encajar yo ahí? ¿Cómo puedo impactar positivamente en sus vidas? Fue entonces cuando recordé a Leónidas y su frase a Jerjes: “Yo, en cambio, moriría por cualquiera de los míos”. Jesús hizo eso mismo por mí en un momento. Lo hizo por estos 14 también. Y me di cuenta de cuánto les amo. Entendí que llorar mientras oraba en alto por cada uno de ellos era la forma más sincera de amarles.

Mi oración al terminar el retiro es que cada uno pueda ahora, a solas, enfrentarse cara a cara con lo que han escuchado este fin de semana y decidir hacerlo suyo. Yo pido porque cada uno de ellos luche con la necesidad de darnos a Dios y entregarle nuestro tiempo.

Gracias Dios por ponerlos en mi vida; gracias por mostrarme la necesidad de amarles más como tú me has amado a mí y comprender que debería ser un Leónidas para ellos; alguien que les guíe (a ti) y que llegada la amenaza de Satanás sea capaz de decir “Yo, en cambio, moriría por cualquiera de los míos”.

Amén.

Y namasté.

Isma