Bien vs Mal o la filosofía de la (ir)responsabilidad y la relativización moral

Leyendo “How now shall we live” (de Charles Colson) he encontrado uno de esos temas que te dejan boquiabierto y te invitan a pensar más en profundidad sobre tu propia vida. Colson afirma que la tendencia de la sociedad es seguir la filosofía de Rousseau. Esta corriente relativiza (por no decir que elimina) el elemento de responsabilidad en los actos humanos dejando, así, el termino pecado como un concepto de la prehistoria. Debido a mi situación, este tema me ha tocado muy personalmente y ha ofrecido nuevas ideas y puntos de vista sobre las motivaciones humanas.

Actualmente vemos cómo la sociedad (y por sociedad generalizo gobierno y público) busca justificar las acciones de un individuo dentro de un marco filosófico que relativiza la responsabilidad moral humana al, por ejemplo, cometer atrozaidades y crímenes que, hace doscientos años, no habrían sido toleradas. Colson indica que la negación de la existencia del pecado se basa en la filosofía de Rosseau que afirma en “El Contrato Social” que, “[la libertad moral] es la única que convierte al hombre en amo de sí mismo” (pag 20). Según esta filosofía, el término pecado realmente no existe y que esos arcaicos valores bíblicos son completamente irrelevantes ya que la naturaleza humana es, esencialmente, buena (naturalismo) y que el mal en el ser humano es producto de la sociedad. La doctrina del pecado, al contrario, enseña una naturaleza malvada del hombre.

Colson, además, puntualiza cómo personajes como Hitler, Stalin o Pol Pot basaron sus ideales utópicos (ya sean ideas comunistas o la búsqueda de la raza perfecta) en la premisa de que el hombre es bueno por naturaleza. No hace falta recordar cómo terminaron todos ellos.

Pero este tipo de ideales no quedan limitados a las locuras de algunos individuos. Los sistemas penitenciarios, actualmente, centran sus programas de “reinserción” en los aspectos sociales de los crímenes y la justificación como “enfermedad mental” de todos los actos punibles. Todas estas “respuestas” eliminan totalmente la idea del pecado como fuente de todo mal.

Particularmente creo que nos encontramos en un momento de transición ideológica que resulta incómoda (por no decir macabra): Relativizamos moralmente diciendo que el pecado no es tal y que el hombre es, en esencia, bueno. Y sin embargo tenemos cárceles llenas de asesinos y violadores. ¿Qué es, pues, el mal? Si el pecado realmente no existe y las normas morales bíblicas no son ya relevantes, ¿por qué tenemos cárceles, tribunales y, por qué no, policía?

Estas son sólo algunas preguntas que nos planteamos a la luz de las nuevas filosofías e ideales humanos que desechan totalmente una existencia o intervención divina. Quizá debemos preguntarnos a dónde nos llevarán estos ideales y qué sacrificamos, como sociedad, “eliminar” a Dios de la ecuación en un intento orgulloso de tener todo el control.

Ahí lo dejo. Os invito a pensar sobre todo esto y a reflexionar hacia dónde vamos y qué sacrificamos en nombre de la “corrección política”. Dicho esto, me voy a ver una de James Bond.

Soli Deo gloria.

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