Rechazo

Aquella sería una noche fría, como hoy. Una de esas noches en las que prefieres quedarte en casa con una taza de té caliente, con manita y sofá. Ellos, sin embargo, no tenían esa opción.

Ella miró a un lado y a otro buscando un lugar donde refugiarse mientras su novio buscaba alojamiento en la ciudad que los vio nacer. Es triste tener que buscar alojamiento en un hostal en el lugar donde naciste. El frío azotaba y ella no podía más: acababa de salir de cuentas y el parto sería inminente. Empezó a llorar y a pensar en cómo su vida podía haber tomado el rumbo que había tomado: esperaba un bebé antes de casarse y ahora estaba a punto de dar a luz en una gélida noche sin lugar donde resguardarse. Esto no es lo que yo quería. Esta no es la vida que había planeado. ¿Dónde estaba Dios cuándo se le necesitaba?

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Foto de inigo cia

 Su novio regresó.

– No tienen sitio para nosotros. – dijo con voz trémula.

– ¿Les has dicho que estoy embarazada y que el bebé puede morir si no encontramos dónde pasar la noche? – replicó ella rápidamente. Su voz era desesperada; natural en esta situación.

– Sí, pero dicen que no hay nada que ellos puedan hacer: están completos. – respondió él con resignación.

Ella volvió a mirar a su alrededor pero las lágrimas le impedían vislumbrar más que las formas de las fogatas que había a lo alrededores.

Su novio se levantó y salió corriendo.

– ¿Me estará abandonando? – pensó ella. – ¿con el bebé a punto de nacer?

A los pocos minutos él regreso, la levantó mientras sujetaba su brazo y ambos empezaron a caminar en la dirección por la que él había venido.

– He encontrado un lugar, no es muy acojedor, pero es mejor que nada; allí tendremos un pequeño fuego y un lugar donde podrás acostarte. Mañana por la mañana nos iremos y quizá así podamos regresar a la ciudad antes de que nazca el pequeño.

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Foto de Alex Bedoya

Ambos llegaron a una especie de establo, debía ser el anexo de la casita de al lado ya que estaban demasiado juntos para ser independientes. Había un par de animales domésticos, pero éstos parecían estar más interesados en el alimento que en los dos visitantes.

Ella se recostó, pero antes de tener una oportunidad para relajarse, empezaron las contracciones. Dio a luz a su pequeño esa misma noche.

– Su nombre será Jesús – dijo María aún exhausta.

– Sí, su nombre será Jesús – repitió José con la misma cantidad de miedo que de emoción.

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Foto de Roger Costa Vendrell

Esta es la historia del Rey de Reyes, así empezó su vida y así fue como vivió el resto de sus 33 años. Una vida de rechazo.

Ninguno somos ajenos al rechazo: todos hemos sido alguna vez los últimos en ser elegidos en un equipo de fútbol o a los que se les “olvidó” invitar a la fiesta de cumpleaños. A otros, simplemente, les dicen que no tienen habitación para ellos en un hostal.

¿Es así como te sientes hoy? Yo me siento así muy a menudo, especialmente en los últimos meses. Pero a veces olvido que yo soy ese que escoge el equipo y no elijo al que peor juega. En otras ocasiones yo soy ese que no invita al menos “guay” a mi fiesta de cumpleaños.

Piensa sobre estas cosas estas navidades, mientras cortas el pavo o cuando estés viendo a Ramón García celebrar las campanadas (porque las sigue dando él, ¿no?), recuerda que hubo alguien que fue rechazado por querer dártelo todo y que quizá hoy sigue sufriendo tu rechazo. ¿Cómo estoy diciéndole a Dios “ahora no, déjame en paz.”? Probablemente encontremos, para nuestra sorpresa, más de una respuesta.

Feliz Navidad, amigos. Feliz cumple, Jesús.

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